Parece que regreso de un sueño,
de un letargo infinito de millones de horas.
Tan sólo es que a veces no soy yo,
tan sólo un ejecutador del ocaso,
un transitador, un peregrino muerto,
de esta vida vacío, perdido de su esencia.
Y ahora miro tras la ventana,
y aquello que tan sólo era agobio y tristeza reprimida,
tornan a vida unas notas de piano melancólicas
de un alma, como la mía tensa, alocada,
que no quiere vivir sin más,
que convierte sus penas en melodías
de un alma temblorosa que a mí se une,
que al compás de mis agitaciones, mis tribulaciones,
junto a mi camina en armonìa,
junto a mí en resonancia y confluencia de sueños…
No quiero ser ya nunca más ese odioso peregrino,
ese odioso caminante de un camino liso al infinito.
¡A contracorriente, siempre sobre mis pasos,
en altura y en la distancia!
¡Más lejos, no quiero veros cada mañana muertos!
quiero contemplaros en el horizonte con mis penas, mi pasado…
La vida a veces, en ese vaivén me hace olvidar que en realidad vivo,
se queda en una eterna sístole de confusiones y ciega mi alma
que en una oscura caja transita,
despierta cada mañana sobre los pasos de un ayer vacuo,
sobre un agitado de sentimientos…
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