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Muchos de esos instantes han sido en la montaña. Soy un enamorado de ella, lo sé, pero es inevitable. Tanta grandeza y gratis J, es algo que no puedo perderme. Uno de esos instantes fue hace poquito.

 

Cerler en tormenta

            Desde un camino que serpea y sube lamido de cortados que coronan vetustos pinos negros, todas las cumbres de las Tucas (picos) de Ixeia (2800 mtros) y los poderosos macizos de la Tuca de Llardana (Posets)(3300 mtros) y el Perdiguero; al fondo Francia, a la derecha los contrafuertes del Alba y el macizo de la Maladeta, Salvaguardia a la izquierda y la Tuca de la Mina.

            A este lo llaman el camino de la mina, y es un impresionante rincón de la Val Benás (Valle de Benasque). No son muchos los que lo conocen, no lo anuncian en la guía alpina y ni siquiera en el semanal, pero existe.

            Muchas serán ya las veces que lo he hecho, pero hubo una sin duda que me fascinó. Tras dar la espalda a la Sierra de Chía y dar vista a toda la profundidad del valle, al noreste. El camino ya nivelado a unos 2000 metros, comienza a perder altura, rodeado de imponentes pinares negros sobre verdes pastos que suben casi verticales, donde el sol, al encontrarse en verano sobre su cenit, crea un espectacular efecto. La luz se difumina sobre sus troncos y el bosque se convierte en un rincón de cielo maravilloso, se crea una reverberescencia de atardecer, donde no pocas veces ya he visto a algún sarrio despistado cruzar indiferente ante mi mirada.

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            Tras no mucho caminar, el camino cruza un riachuelo. Muchas veces crucé yo ese río, sin embargo aquella vez algo me impulsó, en mi afán aventurero a conocer algo más allá. De un pequeño riachuelo no esperaba mucho, y tal fue mi sorpresa que a medida que subía escalando por pequeñas paredes donde el agua saltaba en escaleras, fui poco a poco encontrando, auténticos estuarios de tranquilidad. La sala de estar de aquel impenetrable bosque. El río en su incansable fluir fue horadando pequeñas terracitas donde el agua se acumulaba en pequeñas pozas, muy pequeñas, sobre las cuales, hojas de algún abedul las cubrían. No os podéis imaginar con estas futiles palabras lo que es eso, es imposible, pero sí os puedo decir que encontré un lugar maravilloso.

            Me abandoné al placer de leer unas páginas de un libro en aquel lugar, contemplé las altas y maravillosas crestas del Perdiguero tamizadas por las hojas de aquel abedul que me regaló una agradecida sombra fresca y a las 2 horas volví otra vez a casa.

            Un instante maravilloso…Un todo de pequeñas cosas.

Y son muchas las tardes en las que tengo que escaparme, y no sabes por qué, pero no estás bien, algo hay que te embota, que te hace estar infeliz, ciego a las pequeñas maravillas del cada día.

Te cuesta encontrar lo auténtico en el curso arbolado de millones de estrellas, y no sabes qué hacer, pero tampoco sabes el por qué de esa repentina duda. Simplemente sabes que hay algo que falla. Muchas son esas tardes en las que tengo que encontrar mi esencia en alguna parte. Reencontrarme a mi mismo de alguna manera.

            Es sencillo, tan sólo vale escuchar…

 

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Dejar de pensar y darte cuenta de que no vale la pena estar triste. Dejarte llevar por la desconocida medicina de la tranquilidad y el susurro de viento reverberando en la hojas y mirar lo efímero del todo y darse cuenta de que no hay problema que valga y que sólo es cierto que nada hay tan eterno e importante que ese instante que es capaz de cambiarlo todo. Y es extraño, simplemente, en ese escuchar, todo desaparece y ese entrar en comunión con el mundo que te rodea te transforma. A mí me hace sentirme vivo.

            He de reconocer que instantes así los hay pocos, hoy la gente, incluso a veces yo lo olvido, no se detiene, no se para a desatarse de sus fantasmas de cada día que nos embarcan en una corriente inexorable de tiempo vacío y pueril. Es en esa catarsis, en ese parar a reflexionar, quizá tan sólo a escucharnos, donde entramos en comunión con nosotros mismos, donde confesamos qué hemos de cambiar, por dónde hemos de ir para no errar nuestro caminar. A mí, me gusta pensar que no camino solo, que en esa comunión, comulgo con Él y así reenmiendo una retorcida rama de mi árbol que cada día crece y se hace más fuerte.

A maxia d´os Pirines

 Y así fue como nacieron los Pirineos…

 Los pirineos

“Fa ya muitas añadas, en os foscos diyas d´os dioses, reinaba Túbal en istas tierras. O biello Túbal teneba una filla, clamata Pyrene, tan polita y dulze que estieron muitos os que enfermoron en ixa epoca. Ista polidisma prinzesa cuacaba de paseyar por as zarratas selbas d´o Norte d´Iberia, dó- a amagaton- s´achuntaba con Ércules, o suyo afortunato amante.

Túbal, malas que s´enteré d´as rilazions que en teneban Ércules y Pyrene, s´encarrañé asabelo y mandé o destierro d´Ércules.

A polita Pyrene, presa d´una funda tristura, continé acudindo a ras suyas selbas con a esperanza de que Ércules crebando ro mandato d´o suyo pai, tornaba por era.

En istas, amanexié o terrible Gerión, fiero pastor de tres capezas, a cuala más fieriza. O malbato querié satisfer con Pyrene os suyos torpons deseyos, pero ista consiguié fuyir enta ra espesura. Gerión, enfurezito, li preté fuego a ra selba, fuego que ascape s´entendillé.

Ércules, alertato por un alica, corrié en ausilio d´a suya amada. Pero cuan plegué ya yera masiau tardi: cullié en brazos a ra agonizán Pyrene con tiempo chusto ta declarar-li o suyo amor. Unos intes más tardi, sin tartir, a flama d´abida de Pyrene s´amorté ta cutio.

Con o corazón crebato en dos, ploriconeé de dolor sobre o cuerpo inerte d´a donzella. Esconortato, Ércules dié sepultura a Pyrene amuntonando chigantescos zaborros sobre o calaber. Tanto y tan firme triballó Ercules que plegué a fer gran mons. Asinas naxioron os Pirinés: Una cordillera tan fermosa como a polita Pyrene que chaze debaxo. As glarimas que Ercules bertié sobre tan colosal fuesa encara corren por os rios azuls y blancos d´istas montañas.” (Fragmento tomado del libro de Francho Beltrán “Pirineo aragonés”)

(“Hace ya muchos años, en los oscuros tiempos de los dioses, reinaba Túbal en estas tierras. El viejo Túbal, tenía una hija llamada Pyrene, tan bella y dulce que fueron muchos los que enfermaron de amor en aquella época. Esta hermosísima princesa gustaba de pasear por los espesos bosques del Norte de Iberia, donde-a escondidas- se reunía con Hércules, su afortunado amante.

Túbal, enterado de las relaciones que mantenían Hércules y Pyrene, montó en cólera y ordenó el destierro de aquel.

La hermosa Pyrene, sumida en una profunda tristeza, continuó acudiendo a sus bosques con la esperanza de que Hércules, quebrantando el mandato de su padre, volvería por ella.

 En esto, apareció el temible Gerión, rudo pastor de tres cabezas, a cuál más horrible. El malvado quiso satisfacer con Pyrene sus torpes deseos, pero ésta consiguió huir hacia la espesura. Gerión, enfurecido, le prendió fueo al bosque, que rápidamente se propagó.

Hércules, alertado por un águila, corrió en auxilio de su amada. Pero cuando llegó ya era demasiado tarde: tomó la agonizante Pyrene en sus brazos con el tiempo suficiente para declararle su amor. Unos instantes después, en silencio, la llama de la vida de Pyrene se apagó para siempre. Con el corazón partido en dos, sollozó de dolor sobre el cuerpo inerte de la doncella. Desconsolado, Hércules dio sepultura a Pyrene amontonando gigantescas piedras sobre el cadáver. Con tanto ahínco trabajó Hércules apilando rocas que llegó a erigir auténticas montañas. Así nacieron los Pirineos: una cordillera tan bella como la hermosa Pyrene que yace debajo. Las lágrimas que derramó Hércules sobre tan colosal tumba, todavía corren por los ríos blancos y azules de estas montañas.

Retazos de sueños

…no es este el relato de hazañas impresionantes, es el resumen de una vida, tomada en un punto (este último año) en que cursó sola un determinado trecho y pensó, y cada noche, entre nocturnos y silencios rehacía poco a poco lo que cada día deshacía… 

“Y ante la fugacidad de la vida que inexorable no me espera, quiero plasmar de nuevo, como antaño, cada día, en fotografías, instantáneas de mi vida que quiere correr como nadie… Ayer emprendía la empresa de mi vida, y ya hoy lucho por el impensable de un cuatrimestre limpio, quizá, quien sabe, un verano de ensueño. No lo sé… 

Hacía mucho tiempo ya que no escribía, había perdido parte de mi vida. Pero de nuevo retorna la ola a tierra y recomienzo mi empresa. Y han pasado muchas cosas… Tristes y alegres cosas que son mi vida, en fin, son yo, me han hecho, me transforman cada día en un hombre mejor, que pensaba que ya había olvidado soñar, mas sueña, mira al cielo y disfruta del susurro del viento…”

“Retorna el poeta de la noche con su sempiterno cantar, siempre melancólico, quizá a veces pesimista, pero sin embargo, canta, y en esa voluntad me refuerzo y hago más puro este sentir mío, siempre en tela de duda, pero siempre ahí, empujándome, retornando constantemente a mi cabeza, esperanzador, poderoso, quizá un inevitable de ensueño, quizá una nada, aunque sí seguro un camino de lucha, de victoria, de derrota…Pero de nuevo, otro nuevo sueño…

Te quise niña, sonriente y dulce…Te quise y te quiero ahora que no puedo quererte. Sólo esperarte puedo y refugiarme en ti, con estos melancólicos versos que no querían ser, que me decían que no debían, pero que sabían que tenían que ser. Son pobres, torpes, infantiles, pero no puedo esperar llegar a ser ese gran poeta que siempre quise ser y olvidar mi sentir que a cada día más y más se refuerza.”

“Y como Siddhartha, encontrándome a cada día, más con mi propio yo, mi yo puro, con el que realmente sí estoy a gusto, sí pienso que sigo un camino ascendente, a la virtud. Todo relacionado; la lectura, lleva al pensamiento, el pensamiento a la necesidad innata de expresarse, y eso mediante la escritura, y de ahí ya a la apertura de múltiples vías de pensamiento que me hacen retornar a aquello que estaba en el olvido potencial. Cada día un reto, cada día incumplido, pero cada vez, más al fondo del camino de cada día. Así que, aunque no me pueda expresar todo lo bien que quisiera, sí que poco a poco, pienso…”

“En esos ojos tuyos que ayer miraban al cielo, y reflejaban azules los sueños veo agostar un niño. No os apaguéis, no creáis que el desarraigo os mata, os pierde, destruye vuestra vida, vuestros ideales que tornaban melancólicos y soñadores tus ojos. Qué a de ser mi vida sin un fin que ahora no encuentro, un fin real, auténtico. Qué he de ser yo…”

“De verdad que no llego a entender qué se le puede pasar a una persona por la cabeza si no busca nada en la vida. Ni siquiera algo tan natural como la felicidad. Desechada, anulada, reprimida. Vivir en una vida sin sentido, sin Dios, sin amor, vacuamente, puerilmente, en ese asqueroso materialismo, en esa viciada razón absoluta de la autodestrucción. Como un ser que puede llegar a pensar cosas tan abstractas puede dudar de su propio carácter y esencia sobrenaturales. Vivimos en un misterio, entrar ahí no es dejarse llevar por la cobardía, es entrar en eternos absurdos que llevan a eternas crisis de pensamiento que acaban en el relativismo, el escepticismo absolutos y la irracionalidad. Acaban en la tristeza…”

“Qué bonito es el mundo de las películas, las canciones…Digo esto, y recuerdo Amelie. Qué serenidad, qué tranquilidad, que dulce y agradable parece la vida en ella. O bueno, simplemente los sentimientos y las pasiones existen. A veces la vida parece gris, o quizá sólo me ocurra a mí eso. Parece que sólo hay lugar para los agobios, las penas, las tristezas, o la falsa alegría. Y sin embargo, el tiempo, tras el paso de éste, todas esas situaciones aparentementes triviales e incluso vanales, reflotan en grandes sentimientos y horrorosa melancolía. A veces siento la vida “light”, pero sé que depende de cómo quiera tomar el día, no sé…Siempre desde esta perspectiva de continuo análisis me doy cuenta de que la vida es maravillosa y de que me pueden muchísimas veces los cansancios, las penas, y no voy más allá, no analizo la unidad de mi existencia que es maravillosa e inolvidable. Más adelante recordaré todos estos días como especiales, aunque hoy, me parezca un día gris y sin sentido. Mas después de escribir esto me doy cuenta de que no, que ya no lo pienso, pero lo olvidaré. No Quiero que pase mi vida sin ser yo consciente de su transcurso, quiero decir:  hoy pasé un día más de mi existencia, y lo pasé feliz, con sus tristezas y alegrías intermedias, pero feliz, tranquilo, sereno. “

“En camino, siempre tras mi estela, el alma que se queda perdida, desconcertada, siempre tras la búsqueda de la armonía que todavía no encuentro, mas poco a poco se ilumina.

Qué bonitos son estos años que ahora atravieso. Anteayer en San Sebastián, el viernes, en pamplona, hoy de camino de nuevo a pamplona desde Zaragoza. Que complicado es sentir tantos lugares tuyos, sentir cada tierra mía, yo siempre tan amante de mis desiertos y más sobre todo de mis montañas que cada día anhelo. Siempre en camino, la utopía de un soñador estable, un bohemio de chimenea. Tanto busco y siempre con menos me quedo, pero sí tras de mí, horas y horas de mirar el techo, de contar estrellas de disfrutar el horizonte. Y qué rápido pasa el tiempo. A veces me veo transportado por un velo de película, que transcurre en instantáneas poco saboreadas y siempre después de sentimientos profundos. Y lo que quiero decir es que muchos de esos instantes maravillosos quedan vetados por tan banales sufrimientos de niño pequeño, por tortuosos pensamientos sin sentido.

Hasta aquí mi pensamiento; confuso de ideas abstractas que se entrelazan en un cúmulo de agobios y eso sí, también de grandes alegrías. Tan rápida pasa la vida que no soy capaz de detenerme y decir, alto, que estás viviendo y eres tú ése que mueve las manos, ése que habla, ése que educa y es formado, ése que ha crecido y a cada día que pasa es más hombre. Soy un hombre y he de crecer, he de llegar a ser más, como siempre a contracorriente, incomprendido. He de luchar: suprimir la soberbia, ser menos, ser pequeño, ser ése humilde aprendiz de barquero que escucha al río en su transcurrir tranquilo, que mira a las hojas con fascinación, con asombro, maravillándome por su creación. Pero sin embargo siento más hallar en cada persona esa fascinación que en cada pájaro y en cada nube busco. Hallar la maravilla de cada persona, de cada rostro. Escuchar, aprender el arte de escuchar, de amar, pero de amar realmente. Me gustaría sentirme feliz en cada cosa que hago. Sentirme sereno, siempre sereno, más que felizmente desencajado en una risa estertórea. Cumplir el plan, punto importante. Plantarme unos objetivos y luchar por cumplirlos. Siento que estoy en camino, que al luchar y perder avanzo, pero sé muchas veces que caigo, y además quiero caer porque sé que eso que hago me conduce cada día a una derrota, a una triste derrota. Y eso no lo quiero, pero me cuesta más que nada en este mundo, y de ahí seguro mi infelicidad a veces tan irracional.

El camino de la humildad, del silencio. Pero claro, ¿es el camino correcto?. ¿Esta sociedad no soporta eso?. La gente no habla, balbucea tiempo, ni siquiera habla de lo bonito de las nubes: eso es de frikis. El tiempo pasa, y la gente no es consciente de ello. Aunque tampoco sé si este pensamiento es sólo mío. Ojalá no, porque así ya sé que algún día me enamoraré. Aunque ya no sé realmente qué es lo que quiero. Montones de nombres rondan mi cabeza, montones de instantáneas, montones de felices encuentros.”

“¿Sabes?…

Sé que escribo esto y creo que con cada palabra rehago un sueño, vuelvo a soñar, y en ese soñar, sueño contigo. Y sin embargo cada palabra me parece un imposible, un viaje onírico al confín de la desesperanza, de la tristeza, ese viaje a Itaca, duro, destructor y determinante.

Sé que vuelvo a soñar, y lo hago contigo, porque no sé el porqué de ese soñar, simplemente sueño y ya está. Sé que al final, en el estío de ese viaje onírico podría escaparme contigo, escaparme contigo para siempre. Pero claro, yo nada de esto puedo decirte ahora, porque simplemente no es el momento. Ojalá no lo sea y desde ahora pase el tiempo, y cada vez sea como un horizonte que se aleja y se aleja y acabe por perderme y ahogarme en mi torpeza que me hará arrepentirme siempre. Ojalá no.

  

Sabes?…quisiera contarte una historia, una historia que al jamas contarte, se pierde

Sabes?….esa historia hablaba de un hombre, de un hombre que al jamas contarte que su sueño eras tu, lloraba y cantaba a la noche…”

 

 

“Y ya en mi santo consumo mis horas de sueño, saboreando cada nota de unos nocturnos tras la sombra, como siempre cuando escribo. Tras el amor, y en él, y fuera de él. Como cada día que pasa, otra nueva cosa ronda mi cabeza, y a cada instante un nuevo pensamiento que plantea la crisis en los anteriores .”

 

“De camino como siempre, en tránsito, y en mi mochila las dudas que siempre me atenazan, los pensamientos que siempre me acompañan, los amores que me descolocan. Y como siempre en mi inspiración, tras esos surcos desgarrados, nocturnos en una tarde pálida pero alegre, melancólica como tantas, dejándome llevar por sus armonías, su dulce canto de hálito de noche, de sueños y esperanzas. Un bordado convulso de agua que se retuerce en el cielo mientras de instantaneas se colma el tiempo. Vuelvo otra vez a casa, como otra de tantas de mi tierras nuevas. Hoy no me parece familiar, pero sí, lo es, es mi tierra, la que siempre he amado, mis paseos, mis árboles, mi parque, mi Zaragoza, sus tejados y su horizonte de sueños : mis montañas…”

 

 

   

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